Apenas hay divorcio que no empiece en la cabeza con panorama tan rosáceo como el romance más empalagoso, pero la realidad rara vez se ajusta a los deseos y previsiones.

Algo similar sucede con los movimientos independentistas que sacuden al Occidente abotargado por décadas de paz y prosperidad.

Escocia vota este mismo año si quiere independizarse del Reino Unido, y los promotores de la medida ya están contando a sus votantes una versión actualizada del cuento de la lechera: Escocia tiene X, y si nos vamos no tendremos que repartirlo con los malditos sajones del sur. Pero la realidad -económica o de otro tipo- no es estática, y es seguro que el anuncio mismo de la independencia cambie el valor de esa X.

En cualquier caso, Europa no tiene un buen recuerdo de sus nacionalismos periféricos, y pocas veces fue bueno iniciar el dominó de las fronteras.

De todo esto hablo en un debate de HispanTV que pueden ver aquí

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