No importa lo correcta que sea tu ideología: si es solo una ideología, resultará siempre inadecuada y, si se lleva a sus últimas consecuencias, te convertirá en prisionero de una estrecha cárcel intelectual, alejado de la vida real.

Hoy todo lo que no es sumisión al pensamiento progresista único -con excepción del fascismo puro, el real- es necesariamente antiestatista, porque el Estado ha alcanzado unas cotas de intervencionismo que lo convierte en una señorita Rotternmeyer con los poderes de Stalin.

Esto hace que un conservador, un tradicionalista o un reaccionario como su seguro servidor sonemos positivamente liberales y aun libertarios en muchos de nuestros comentarios.

Y, al menos en mi caso, no. Viendo a un borracho en coma etílico, dos personas pueden comentar lo penoso del espectáculo, lo que no significa que los dos piensen igual sobre la adecuada ingesta de Ribera de Duero. Uno, por ejemplo, puede ser un abstemio fanático mientras que el otro deplora meramente un exceso.

Ya lo he dicho antes. Volveré a decirlo. Pero no hoy.

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