Hay veces que las noticias me dejan así como con el ‘corazón partío’, sin saber muy bien si aplaudir o lapidar y con deseos de hacer ambas cosas. Me pasó la semana pasada con el ministro Fernández Díaz (creo, que con los ministros me pasa como con los chinos, que me parecen todos iguales) cuando, ante las críticas a la autoridad por impedir que entren más subsaharianos por la valla, espetó que estaba dispuesto a coger nombres para mandarles a domicilio a un inmigrante ilegal a cada crítico.

No, estas cosas desdicen del cargo y posición que ocupa, señor Fernández (¿es?). En un bar, sí, bien. En una rueda de prensa, no. Mal, mal.

Y sin embargo… Léalo entero aquí

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