Corre por ahí el estúpido malentendido de que la gente anhela la libertad y la tiene como el más alto de los dones. No sé de dónde habrá podido salir. El común, eso que llaman grandilocuentemente “el pueblo”, aborrece y teme la libertad.

Ama, sí, la palabra. Está en todas las proclamas, es ingrediente básico -aunque retórico- de todos los programas de gobierno y la secuestran en exclusiva todas las ideologías… Léalo entero aquí

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