Barriendo para casa diré que el modo más eficaz de criticar imparcialmente a diestra y siniestra, fuera del imposible de carecer de opiniones, es no tener la menor esperanza de que tus ideas vayan a verse, a lo largo de tu vida mortal, reflejadas en un sistema real. Y ese es mi caso.

Y es también por eso que, tan alejado como pueda estarse de los disparates sesentayochistas de Syriza y Podemos y demás hierbas, confieso que disfruto enormemente de la histeria de los partidos reinantes ante la proximidad del lobo. No nací -precisamente- ayer, y descreo de las revoluciones como “la hora del pueblo”. El pueblo puede gobernar en el mismo sentido que puede hablar por un solo teléfono; es decir, en ninguno. La revolución no es más que un cambio de guardia en las élites, con las masas como carne de cañón… Léalo entero aquí

Anuncios