Ver al flamante revolucionario griego, vencedor por K.O. en los último comicios, hablando entre guiños de cierto “postureo” en sus mensajes y tranquilizando a los mercados me ha traído a la cabeza lo que tengo para mí como el gran misterio del éxito de Podemos: no que haya tanta gente dispuesto a creer que fórmulas que hasta ahora solo han traído miseria y desolación van a funcionar al fin, sino creer en la pureza de los dirigentes. Creerles, sin más; suponer que son X porque dicen que son X. No deja de asombrarme.

En nuestra cultura y durante siglos, la hipocresía se asoció predominantemente a la práctica católica, al punto que aún hoy la palabra evoca a ese Tartufo disoluto que fingía una piedad y virtudes inexistentes… Léalo entero aquí

Anuncios