La familiaridad es siempre el peor estado mental para advertir la realidad, y por eso, para subrayar realidades absurdas o intolerables ha sido costumbre recurrir al artificio de hacer del autor de la crítica un extraño. De ahí las Cartas Persas de Montesquieu o su imitación española por Cadalso, las Cartas Marruecas. O, por bajar a lo popular, el recurso de “si baja ahora un extraterrestre…”. Con esa (falsa) inocencia de Cándido voltairiano procura cada día acercarse El Trasgo a nuestra prensa nacional.

Digamos, el caso de la fianza de Bárcenas. Supongamos que yo soy realmente un trasgo salido de los bosques y con un muy imperfecto conocimiento de la sociedad humana. No es, en lo que nos ocupa, muy difícil, porque me pierdo fácilmente en estos asuntos de cajas B y sobrecogedores… Léalo entero aquí

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