Plumas más diestras que la mía y mentes mil veces más lúcidas han tratado hasta el hartazgo de esa estrella mediática y proyección de ansias algo pueriles que es Pablo Iglesias como para que yo insista a propósito de su marcha madrileña.

Pablo es, como ya dije, el Espejo de los Deseos, ese es su gran mérito, siempre más coreado en consignas abiertas y facilonas que en largos discursos en los que, admitámoslo, no brilla como un Demóstenes. Hizo uno en Sol, y de él me quedaré solo con una frase que me dice de él todo lo que podía esperar: “Hacen falta quijotes. Soñamos como Don Quijote pero nos tomamos muy en serio nuestros sueños”.

Eso es lo que me da pavor.

Aquí somos muy de Don Quijote, y me refiero al personaje y no a la gloriosa novela, olvidando que Cervantes está haciendo el retrato de un loco. Quizá ese sea el mal de todos estos salvadores que se llevan de calle las masas: que, imbuidos de la buena fe de su locura, cargan contra gigantes que son molinos y combaten con odres de vino creyéndolos enemigos.

Como el ideólogo puro, Alonso Quijano pierde la noción de la realidad y la cordura de tanto leer versiones del modelo ideal -las novelas de caballería-; se deshumaniza hasta el punto de dejar de ser y precisar otro nombre, don Quijote, igual que Yosif Dzhiugashvili pasó a ser Stalin.

Don Quijote sale entonces a los caminos con la misma intención de todos los ‘salvadores de la patria’ y ‘hombres del destino’, decidido a desfacer entuertos y a imponer la justicia. Su justicia, naturalmente. Y ve las cosas como aparecen en el modelo, no como son. Si la realidad no coincide con lo que ve -si los gigantes resultan ser, después de todo, molinos-, tanto peor para la realidad.

Si la URSS era el paraíso, es de razón que los disidentes sólo podían ser locos, y lo sensato era encerrarlos en los psiquiátricos. Don Quijote es, como todos los ideólogos, un paranoico que ve fantásticas conspiraciones en todo lo que frustra sus deseos.

Pero nuestro tiempo admira al loco, al parecer, con tal de que sea ‘idealista’, y poco importa que no deje títere con cabeza para que brille su justicia y se canten sus hazañas.

Anuncios