“No sé, hazla sobre la conferencia del PSOE”.
La respuesta era piadosa, más para que dejara de acosarla con mi semanal indecisión a la hora de escribir la columna que por convencimiento. No puedo, en cualquier caso, reprochar a la editora ejecutiva de este periódico que me encaminara hacia lo que probablemente hoy sea la primera de todos los periódicos, éste incluido. Y, sin embargo, he de reconocer que se me antoja un asunto indeciblemente inane.

No hay peor forma de frivolidad que la solemne, ni hay peor frívolo que el que se empeña en ser tomado en serio. El PSOE, dicen, se está renovando, y el autor de esa renovación va a ser esa joven promesa, ese purísimo neófito llamado (esperen que mire el nombre) Alfredo Pérez Rubalcaba. Leo que los socialistas se sienten reforzados. Y si yo fuera un columnista político al uso, si hiciera por una vez lo que se espera de mí, analizaría propuestas, criticaría medidas, sopesaría estadísticas y exhumaría muertos de hemeroteca. Pero no puedo, lo siento.

Llámenme cínico –hoy mismo me lo han llamado en Twitter–, pero no puedo escribir de nada de esto como si me creyera algo. Uno no puedo cumplir medio siglo sin haber oído las mismas cosas de las mismas personas una y otra vez como en una pesadilla en bucle. Para alguien de mi edad, oír estas declaraciones es como escuchar el “¿Cómo están ustedes?” de los payasos de la tele o el “¡A jugar!” de Joaquín Prat.

Créanme: los partidos siempre se están renovando de mentirijillas, siempre dicen sentirse reforzados cuando no venden una escoba. Toda la escenificación, con la actualizaciones pertinentes decididas por los expertos de marketing político según las modas imperantes, es siempre la misma, un patético “ahora sí que sí” de sonrisas plastificadas y líderes en mangas de camisa diciendo con innecesario énfasis banalidades biensonantes.
No habría mucho que criticar en todo esto si los tratásemos como se hace con los cotilleos de sociedad, es decir, en el sobreentendido de que no se trata de nada importante y sucede solo que nos divierte qué ha sido de éste o cómo le ha ido a aquél. Lo que no puedo soportar es escribir como si todo fuera verdad, como si el Partido Popular fuera de derechas en algún sentido ideológicamente coherente y reconocible o el PSOE tuviese algún interés particular por la clase obrera o fuera a nacionalizar la banca mañana.
No es como si no estuvieran sucediendo cosas de verdad, como si no viviéramos cambios cruciales y crisis civilizacionales. Pero seguimos dando las portadas a estas cansinas reposiciones de la nada.
“Vuelve el PSOE”, parece que ha exclamado Rubalcaba. Vuelve a volver. Vuelve el hombre. Pero quienes llevamos tantos años en este sabemos la verdad: nunca se han ido. Y, si Dios no lo remedia, nunca lo harán.

Publicado el 11.11.2013 de La Gaceta

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