En una síntesis se trata de superar dos elementos contradictorios en un tercero que los englobe; en un batiburrillo se presentan juntos, como en ese trastero donde los visillos de la abuela se dan de bofetadas con esa bicicleta estática de alta tecnología que, al final, nos dio pereza usar y solo hacía bulto en el dormitorio. No tiene mucho sentido la combinación, y nadie se rompe demasiado la cabeza para encontrárselo.

Así, uno puede combinar el más atávico sentimiento tribal, el más emocional arraigo hacia la aldea y sus cosas, con todos los dogmas bienpensantes de la ñoñez universalista y, oye, funciona.

Por lo visto, el ‘fet diferencial’ catalán consiste en una insistencia machacona en no ser en absoluto diferentes, y la alternativa al feroz centralismo madrileño parece cifrarse en un aún más férreo centralismo barcelonés. Lo catalán, se diría, no está en la historia, ni en la sangre, ni en la continuidad, ni en la tradición ni en las tradiciones, sino en un modo peculiar de pronunciar las vocales, el ‘fet fililogic’, podríamos decir, que convierte en preciudadano del ‘nou estat d’Europa’ a cualquiera capaz de llamar ‘entrepá’ al bocadillo. Como el arte para Duchamp, es catalán todo aquel que el nacionalista declare que es catalán. El Barça quizá sea ‘més que un club’, pero el Estat Catalá, a lo que parece, es exactamente eso, un club al que uno se apunta si le da por ahí. I prou.

Otro tanto sucede en la cosa de la fe, donde lo que mola es el relativismo sin límites y la mente tan abierta que no retenga una sola idea, la fe negativa de la tolerancia infinita y sin objeto propio, por un lado, y el Islam en versión salafista, por otro. Tertium non datur.

Ayer detuvieron a 11 yihadistas en Barcelona presuntamente decididos a atentar en Barcelona, y cinco de ellos son de la tierra, conversos ellos. Vamos, que resucita Jofré el Pilós y le da un pasmo viendo como al infiel, de aquí o de fuera, se le llama ‘nou catalán’. Claro que a cualquier catalán de medio siglo para atrás le iba a dar la risa con este independentismo de la nada. Los de antes se sabían españoles por catalanes o aspiraban a un independentismo de las esencias, pero ni unos ni otros iban a entender este fervor de Mas por ser un fiel de hijo de Bruselas, indistinguible de cualquier otro eurofuncionario. Aunque, como se dice de los chistes simples, no es de entender.

A La Vanguardia lo que le “causa sorpresa” en su primera es “el origen catalán de algunos radicales apresados”. La verdad, no veo por qué. En eso consiste el chiste de la modernidad, en ser musulmán de Montblanc de toda la vida o nacionalista catalán de Iznájar, tú eliges.

En lo que han demostrado estos yihadistas ser muy poco modernos es en la coherencia, que la gracia de todo es declararse lo que sea y seguir haciendo las cosas como siempre, que la bondad moderna es meramente declarativa. Podrían hacer, por ejemplo, como nuestra inefable Beatriz Talegón, declarar solemnemente su boicot personal a Coca-Cola en una entrevista en la que la joven política socialista se pone de Coca-Cola como no digan dueñas. Luego lo de colgar la foto en Twitter, Coca-Cola en mano y boicot de Coca-Cola en texto, es ya otra cosa que mejor me callo, que no está mi economía para pleitos.

Luego está lo de La Razón, que en su esperpéntico partidismo tiene cero problema para caer en la infamia. ‘Nous Catalans da cobijo al islamismo radical’, porque alguno de los salafistas detenidos participaba en la citada fundación independentista. Hombre, Marhu, eso está muy, muy feo, hasta para ti. Yo podría ser un estafador o un ladrón y afiliarme al PP, sin que fuera del todo justo que por ello alguien titulara que el Partido Popular “da cobijo” a estafadores o ladrones… Un momento, que creo que la analogía no me ha salido bien. Digamos, un maltratador que se afilia al PSOE… Bueno, mejor lo dejo, pero ustedes me entienden.

Uno es catalán si se dice catalán, hace boicot a Coca-Cola si dice que hace boicot a Coca-Cola, o es periódico diario si así lo manifiesta, así sea el ABC, que en algún momento aún por decidir se convirtió en el más aburrido folleto propagandístico del Gobierno.

A ver: si uno apuesta su portada a una sola foto, se está limitando las posibilidades de impactar en el quiosco, pero aun así se puede hacer un trabajo digno con tal de que se eviten errores evidentes, de bulto, como sacar el busto de un tipo no excesivamente reconocible rodeado de micrófonos, como hace hoy. Si encima acompañas la aburridísima foto de Luis María Linde con la más denterosamente propagandística de sus declaraciones –”Ha sido sentido común y patriotismo, no austeridad”-, pues hemos hecho un pan con unas tortas. Como sucede con los antihistamínicos al uso, el ABC debería llevar por ley una advertencia: “Esta publicación puede provocar somnolencia, no la lea si tiene que manejar maquinaria o realizar otras actividades peligrosas”.

Publicado el 09.04.2015 en La Gaceta

Anuncios