Una de las razones de que los periódicos se me antojen un producto tan absurdo es que la diaria es la periodicidad más difícil de cuadrar. Un semanario, un mensual tienen tiempo para investigar, seguir y dar coherencia a un suceso. Los diarios, en cambio, nacieron para dar la noticia y analizarla en un tiempo muy limitado.

Esa es la vocación del diario, su misión imposible. Por mucho análisis que se intente introducir, por mucho periodista que se dedique al seguimiento de un tema, será siempre el suceso imprevisto del día anterior el que mande en primera y el que se esgrima como argumento de venta. Y ahora el diario, acostumbrado durante siglos a dar la noticia, a sorprender, se enfrenta a un lector que conoce del suceso principal del día anterior todo lo que ha deseado conocer, desde varios puntos de vista, y que lo ha discutido a placer en redes sociales.

¿Qué hacer, por ejemplo, cuando el Estado Islámico envía al mundo un vídeo de la salvaje incineración en vivo de un piloto jordano?

Ignorarlo en primera es demasiado arriesgado, cuando es la noticia que todo el mundo espera ver. Pero titular con lo que todo el mundo sabe es dejar patente la banalidad de la prensa escrita diaria. Lo suyo sería introducir algún dato en el titular que diera más sentido a la información, que la ampliara de forma relevante.

En mi modesta opinión, la única cabecera que pasa el examen es El Mundo. En primer lugar, ignora la noticia como tema para abrir, y lo hace en cambio con un tema propio de los que han dado cierto prestigio a la cabecera: Un alto responsable de la Policía acusado de ‘manipular pruebas . Para la foto elige un niño enfermo para ilustrar un reportaje a propósito del Día Mundial del Cáncer (Sergio, la esperanza de vencer al cáncer) y, en la columna de la derecha, como última noticia, resuelve con inteligencia: El IS negoció con la vida del piloto jordano pese a que lo quemó vivo hace un mes. Es decir, cuenta con que el lector ya sabe de lo que se habla y le ofrece información relevante adicional.

Todos los demás diarios fracasan en diversos grados de patética impotencia. El País , en su estilo de ignorar olímpicamente los cambios en el sector en los últimos 20 años, titula: El Estado Islámico extrema su barbarie al quemar vivo un rehén . Oh, ¿en serio? ¿Han hecho eso? Porque sólo hemos pasado como, hmmm, seis o siete horas ayer analizando el vídeo y comentando lo extremo de su barbarie… Ah, un momento, subtítulo: Obama condena la ‘ideología del odio’ . No shit, Sherlock!

La Razón y ABC, como para subrayar su vieja vinculación, comparten foto del rehén cabizbajo en distintos grados de ampliación. Ah, sí: y patetismo periodístico. Mucho. El diario del régimen se decanta por el titular sin verbo: Quemado vivo . Algo que, como hemos dicho, el lector ni sospecha. Más hilarante, como un alivio cómico tras el horror, es la segunda noticia de portada: Alarma en el PSOE por que Podemos le gane ya en estimación de voto según el CIS . Podemos llega como un vendaval al panorama electoral y no deja títere con cabeza, pero el partido que gobierna España y que puede ver cómo la izquierda radical se alza con el santo y la limosna no está alarmado, sólo la oposición. Je.

Al intentar responder a la pregunta de cómo titular en la primera de un diario la noticia que ya conoce todo el mundo, me faltaba un recurso, el summum del patetismo: la pésima literatura. Es lo que hace hoy a ABC ganador del premio a la portada más lamentable con su titular Crueldad sin límite . Oh, vamos, eso puede pasar para una novelita de aeropuerto, pero como titular de portada -un titular que valdría igual para un sinfín de noticias cada día- es como para ilustrar la decadencia del papel.

Publicado el 04.02.2015 en El Debate

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