Quiero proponer, para glosar el rápido declive de la prensa de papel, un nuevo principio: la Teoría de los Vasos Incomunicantes, que postula que la irrelevancia de los diarios es directamente proporcional al grado de incomunicación entre las realidades que destacan. Créanlo o no, hubo un tiempo en que los periódicos se respondían los unos a los otros e incluso mantenían largos y apasionantes debates, en el entendido de que, si bien sus opiniones eran diferentes, la realidad que trataban era común y objetiva.

Tiempos olvidados, aquellos. Hoy cada periódico tiene su parcelita de realidad, su pequeña pecera de obsesiones, y fuera no hay nada, como aquel rey que gobernaba un planeta diminuto y deshabitado en El Principito.

Así, hoy, como tantos días, cada loco va con su tema en el quiosco. El Mundo abre con lo suyo de De Juana en Venezuela, una investigación que ponderamos en su día (ayer) pero que quizá podría pasar a un segundo plano en los siguientes cuando hay noticias de mayor calado o más urgentes. Que En Venezuela hay otros veinte etarras con causas pendientes es, sin duda, relevante (e indignante), pero no precisamente una sorpresa.

La tarabita de La Razón se llama Puig y es aún más aburrida, porque el titular con que abre el diario del régimen es prácticamente idéntico al de ayer, como el I Got You Babe del Día de la MarmotaPuig se reunió con el empresario para pedirle la comisión del 5%  (ayer, recuerden: Un empresario francés denuncia que un consejero de Mas le pidió un 5% de comisión). Mañana podrían pasar la frase a pasiva, como hacíamos en el cole, y colarnos la noticia por tercera vez.

Veamos: etarras en El Mundo, catalanes en La Razón… ¿Qué nos falta? ¡Chavismo en el ABC, por supuesto! Una fotaza de nuestro ministro de Asuntos Exteriores a lo Pensador de Rodin que podría ilustrar la portada de un libro titulado Margallo, ese hombre, junto a las palabras del prócer en respuesta a las amenazas del Gobierno de Venezuela: “En España la libertad de prensa es intocable”. Ejem, hum. En Cuba, también. El Granma es absolutamente libre de alabar cada una de las políticas de los Castro.

Vale, vale: sí, no hay periodistas en la cárcel por sus opiniones. Pero que el grueso, si no la totalidad, de las cabeceras vivan en mayor o menor medida de la benevolencia del poder hace bastante. Libertad de prensa es una expresión tan elástica como un chicle.

Y llegamos a El País, con la fortuna de que su obsesión -o la de sus amos bancarios, que para el caso es lo mismo- coincide grosso modo con lo que pasa en el mundo: Ultimátum a Grecia para que acepte las condiciones de Europa. Los sujetos colectivos son casi siempre tramposos en un titular, pero en el caso de este curioso batiburrillo de Bruselas, más. Pretender que los chalaneos de un puñadito de mandarines son cosa de Europa entera es llevar la broma demasiado lejos.

En esto de Grecia me doy cuenta de que mi Teoría de los Vasos Incomunicantes gana peso aplicada a las facciones ideológicas. Cada bandería en esto de Grecia es tan incapaz de ver la otra parte que resulta cómico.

Los podemitas y asimilados presentan el caso como si los bancos hubieran ido a ver al Gobierno griego en plan Johnny el Gordo y les hubieran obligado a contraer deuda a punta de pistola, o como si el Ejecutivo heleno hubiera sido un jubilado al borde de la demencia al que le están colocando preferentes.

Pero desde el otro lado, los que vociferan para hacerse con su libra de carne griega, también andan algo olvidadizos: tampoco es como si las instituciones de crédito que hicieron llover los euros sobre Atenas fueran unos pardillos incapaces de sumar con los dedos y darse cuenta de que los griegos tenían tantas posibilidades de devolver ese dineral como un parado de larga duración de pagar la hipoteca del Palacio de los Marqueses de Amboage. Estos últimos suelen ser de los defensores a ultranza del mercado, y parecen pasar por alto que, en el mercado, las empresas que lo hacen mal, quiebran. Y prestar a un insolvente es hacerlo muy, muy mal para una institución financiera. ¿Por qué no hay bancos quebrados?

¿Por qué la mano invisible no ha castigado implacable a unos tipos que presuntamente no saben evaluar riesgos? Creo que todos conocemos la respuesta: porque, en la UE, el libre mercado no está ni se le espera, es una filfa, y los bancos sabían que Grecia no podría pagar pero sí el contribuyente europeo.

¿Y el Affaire Perlitas? No, no voy a tratarlo. Pero si los papeles pueden hacer mangas y capirotes con sus titulares, el Trasgo no va a ser menos

Publicado el 17.02.2015 en El Debate 

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