Decía el escritor francés Charles Peguy que Homero es fresco y nuevo esta mañana mientras que nada hay tan viejo y gastado como el periódico de esta mañana, una verdad que podría ser el lema de estas columnas y que se me hace más evidente aún en Semana Santa, testigo de una Noticia aún más fresca y nueva que Homero.

Volver a la prensa de papel es instalarme en un Día de la Marmota que ni siquiera tiene el mérito de lo real, asistir a la enésima representación de una mala tragicomedia.

Hasta para los actores es difícil mantener esa necesaria ‘suspensión de la incredulidad’ y uno no solo asiste a lo mismo, sino a una versión cansada de lo mismo. Pasar por el quiosco peinando canas y ver esa portada de ABC que uno ha estado viendo desde pequeño -‘Palma aclama a los reyes’-, con foto en idéntica composición aunque los actores no sean los mismos, le pone a uno en la piel del protagonista de El Proceso kafkiano. Si ser conservador es recelar del cambio, lo de ABC es un conservadurismo enloquecido. ‘Palma aclama a los reyes’. Quizá sí, quizá no. Da igual. El mohoso titular está ahí, en el cajón de los mohosos titulares infinitamente reciclables y se saca cada vez que la Familia Real vaya a la isla, así sea recibida con piedras. El superhombre era para Nietzsche el ser capaz de aceptar voluntariamente el eterno retorno postulado por el filósofo alemán, y hay que ser un poco superhombre para soportar diariamente las portadas de ABC.

La Razón, el hijo hiperactivo y borroka de ABC, no repite menos, si bien más en el fondo que en la forma. La portada del decano de la prensa madrileña produce, al fin, cierto sentimiento de ternura nostálgica en el monarquismo de mesa camilla y geriátrico: el mundo puede estar yéndose a lo perros, pero Palma todavía aclama a los reyes o todavía podemos fingir que lo creemos.

Pero Marhuenda está en un servir a su señor que, o nos hemos vuelto todos idiotas, o flaco favor le hace. ‘Rajoy bajará los impuestos y no hará cambios en el PP hasta las generales’. La experiencia debería haber enseñado ya al diario del régimen que si el futuro no es noticia porque no lo conocemos, en el caso de las promesas de nuestro presidente del Gobierno es oportuno recordar su tendencia a cumplirse a la inversa, sobre todo cuando habla de impuestos. Si alguien adelantara una teoría de la conspiración según la cual Marhuenda es un agente socialista encubierto, todo cobraría sentido, ya que con su titular de primera no hace más que recordar al personal, que quizá ya empezaba a olvidarlo, el modo sangrante en que don Mariano nos tomó la cabellera con idéntica promesa ante las últimas generales. Hay recuerdos que es mejor no remover, o Montoro, ese ministro que parecemos haber importado de Transilvania, volverá a visitarnos en nuestras pesadillas.

No insistiré más en la primera de La Razón, aunque ellos insisten en el ridículo de su carcajeante ‘scoop’: ‘Las pruebas que demuestran que en Podemos se eligen candidatos con votos falsos’, repitiendo un chiste que en las redes sociales es ya viejo. Deben de ser los únicos, junto a los más ingenuos podemitas, que se han tomado en serio la tontería asamblearia de un partido que se ha hecho viejo sin madurar.

Ha tenido que ser El País el que me recuerde algo fascinante que apunté y olvidé en su día, y que me viene maravillosamente para ilustrar mi tema de hoy sobre el eterno retorno en la prensa. Me refiero a la tribuna de Artur Mas publicada por el diario francés Liberation el pasado 24 de marzo, ‘Por una Cataluña libre y europea’, sobre el que llama mi atención un texto en el buque insignia de Prisa firmado por Juan Claudio de Ramón, ‘Cataluña ya es libre y europea’.

A quienes vemos a don Artur, como catalán, tan español como Cascorro, la actuación exterior del presidente de la Generalitat nos produce ese íntimo alipori de contemplar a un pariente haciendo el ridículo delante de las visitas. Uno siente el difuso impulso de pedir a cada lector de Liberation que no se lo tenga en cuenta, que es la edad, que en casa ya le conocemos y también tiene sus cosas buenas. Ya podría ser yo el más entusiasta partidario de la independencia de Cataluña que estas ridículas patochadas tartarinescas me seguirían poniendo colorado.

Rojo como la grana me pone que la charlotada haya atraído la atención de mi columnista favorito, Theodore Dalrymple. Ironiza Dalrymple con el insoportable y grandilocuente cliché del propio titular, observando: “Un artículo bajo el titular ‘Por una Cataluña Esclavizada y Centroafricana’ hubiera resultado mucho más interesante y tendría al menos el mérito de la originalidad”.

Dalrymple se pregunta en su columna de Taki Magazine, ‘Enthusiastic Place Seekers’, por la curiosa tendencia de los nacionalistas europeos a desplegar un desmedido entusiasmo por la llamada ‘construcción europea’, que viene a ser, observa el autor británico, como mostrarse decidido partidario de pasar de la sartén al fuego: “De hecho, sus naciones respectivas tienen ya tanta autonomía como probablemente se les fuera a garantizar en la nueva dispensación de la que dicen ser partidarios. Escocia, Cataluña y Flandes tienen parlamentos con considerables poderes, y ya una de las fronteras más evidentes en Europa es la que separa Walonia de Flandes”.

Publicado el 06.04.2015 en La Gaceta

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