Va, venga, brindo por Paco Marhuenda, que es el amo. Ya supondrán que el Trasgo se enfrenta cada día a su tarea a cara de perro: se hace pesado leer tanto disparate, sobre todo cuando se repite con tan desesperante monotonía. Pero ahí está siempre Marhuenda, arrancándome cada día una sonrisa.

O, en el caso de hoy, una carcajada purificadora. Ya sabrán, si no han pasado las últimas 24 horas en coma, que se ha muerto San Nelson. El periodista televisivo norteamericano Chris Matthews lo ha llamado “probablemente, el hombre más grande del siglo XX”; un colega cuyo nombre no recuerdo sube la apuesta y lo califica de “la figura más grande de la historia”, con un par. Se mire como se mire, lideró la larga lucha contra el apartheid sudafricano, venció y se convirtió en el primer presidente negro de la antigua república blanca.

Vamos, que hay por dónde titular y méritos para elegir. Y el que elige Paco es tan deliciosamente surrealista que merece un antiPulitzer: “El hombre que llevó a Sudáfrica el Mundial que conquistó España”. Ahí, ahí, que ha que decirlo todo. Madiba, tus años de clandestinidad y lucha, tu conmutada sentencia a muerte, las décadas de cárcel no fueron en vano, parece decir Marhuenda: gracias a tu lucha Sudáfrica acogió la copa del mundo en la que España –¡España!– se alzó con la victoria. A este hombre hay que amarle…

También ha tenido gracia en Twitter un falso titular de El País en su edición digital que parecía un lapsus freudiano: “Muere, Mandela”. Podría pasar, dado lo deprisa que cae la calidad periodística con las prisas del directo, más en un redactor al que hace ya meses le hubieran encargado el panegírico fúnebre y llevara esperando el deceso desde entonces.

Se agradecen especialmente estos detalles de humorismo involuntario en un día en que se me hace especialmente duro enfrentarme a los medios. Me revientan los santos laicos. Si alguna gracia debería tener el laicismo es liberarnos de ídolos, santones, mártires y fe ciega, ¿no? Pero, por el contrario, las canonizaciones del mundo son tan veloces que no precisan de la muerte del sujeto y, desde luego, tan poco de un ‘abogado del diablo’ que le busque los puntos oscuros al candidato: todos ‘santo súbito’ y sin una mota de imperfección que estropee su gigantesca figura.

Es, por supuesto, la maqueta progresista la que se aplica a los personajes camino a los altares, y es de ver a la derecha vergonzante suplicando un lugar entre los feligreses y echando balones fuera. En Twitter, mis rojos presumían de la legitimidad de la lucha armada tal como había enseñado el Madiba y recordaban orgullosos su filiación comunistas, mientras los conservadores alababan su figura “por encima de las ideologías” y pasaban por el alto el hecho histórico de que una institución tan poco sospechosa como Amnistía Internacional le negara el título de preso político porque estaba en la cárcel por sabotaje y terrorismo.

¿Que nuestros gloriosos aliados y permanente punto de referencia, Estados Unidos, no eliminaron a su Congreso Nacional Africano de la lista de grupos terroristas hasta finales de los ochenta? Oh, vaya, parece que se está quedando muy buena tarde.

¿Que le ofrecieron la libertad a mitad de su condena si renunciaba a la violencia y se negó? ¡Miren: un avión!

¿Alguien me puede contar por qué todo el mundo conoce y venera a Mandela y nadie al cardenal Ignatius Kung, obispo de Shanghái, prisionero de los comunistas chinos durante 33 años? No se molesten en contestar, conozco perfectamente la respuesta…

Publicado el 07.12.2013 en La Gaceta

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