Me entero por el portavoz de la banca que Die Welt, La Repubblica, Le Figaro, Le Soir, Tages-Anzeiger, Tribune de Genève y, como no, El País, han formado LENA, una unión de diarios europeos que fomenta la calidad. La imaginamos defensiva y la suponemos de autobombo. Yo también he pensado alguna vez en crear una Asociación de Columnistas Excelsos y a un Precio Totalmente Asequible, pero siempre me ha faltado tiempo.

Según cómo se mire, El País pudo alardear en su glorioso pasado de calidad. Ningún otro diario en España era tan puntilloso asegurándose de que la realidad se ajustaba con precisión a sus postulados progres y garantizando que sus manipulaciones cumplían escrupulosamente todas las reglas de la RAE (con la excepción ocasional de palabras como ‘clítoris’, que su entonces director y académico de la Lengua, Juan Luis Cebrián, convertía en un idiosincrático ‘clítorix’, cual jefe galo, en su novela La Rusa) y se vertían en ese estilo gris que pasa por ‘serio’ en el mundo mediático.

En el periodismo, como en la enseñanza, ser ‘de calidad’ parece más cuestión del pie del que se cojea que de otra cosa. Que El País abra hoy por fin -Interior investiga las actividades privadas del comisario Villarejo- con un personaje del que otros medios y redes sociales llevan hablando semanas, puede deberse, no vamos a negarlo, a un prurito de calidad que choca con el prurito de urgencia que solía mover al editor cuando el papel era algo más que un pasquín.

Igualmente, sus editoriales están maravillosamente construidos de forma que, por interesante que sea el asunto de que traten, el lector no pueda atravesar la maraña de jerga funcionarial y blanda hasta llegar al último párrafo sin ser vencido por el sueño. Como Prueba A de mi aserto, les desafío a que lean entera la última frase de hoy, Obama presiona, sin bostezar una sola vez: “En este contexto, la toma de postura de la Casa Blanca debería servir de revulsivo para que se produjera la mencionada intermediación efectiva de organismos regionales: una actuación que ayudara a desbloquear la situación y que pusiera en marcha fórmulas de diálogo que permitan superar este callejón sin salida”.

Otro modo de lograr noticias de portada es crearlas ‘ex nihilo’, como hace ABC con sus constantes foros y otros eventos. La derecha áulica del papel, que durante tantos años convirtió muchas de sus páginas en otras tantas cartas de amor a Esperanza Aguirre, que tan insistentemente nos ha vendido a Esperanza como la Gran Esperanza Blanca de la derecha, la Thatcher española y demás lugares comunes, es, al fin, conservadora, modosa y obediente, y cuando el padre -léase Rajoy- frunce el ceño ante sus amores quema cartas y poemas sin que le tiemble el pulso. Ayer era el diario del régimen el que razonaba muy razonadamente que Esperanza tendría que dejar la presidencia del PP madrileño si quería la alcaldía, faltaría más, hasta ahí podíamos llegar, en qué cabeza cabe.

Para doña María de los Dolores de Cospedal, en cambio, dejar la secretaría general del PP manchego si gana las elecciones a la comunidad es opcional. Así abre ABC: No descarta la Secretaría General del PP si gana en Castilla-La Mancha: “Es una opción”. Pero esta no es la declaración con la que abre el decano de la prensa madrileña, sino esta otra: “No podemos tirar por la borda la recuperación”. Porque, ya saben, sin PP, el diluvio.

Mas a Zapatero: “Tú ve poniendo el dinero y yo quito lo de nación”. Las declaraciones son de Bono y yo leo en la primera de El Mundo y, si bien el sentido me cuadra perfectamente con lo que parece ser la estrategia permanente del catalanismo, me resulta chocante que Bono el Melenas lance semejante bomba sin posibilidad alguna de probarla cuando tanto se rasgó las vestiduras y presentó acerba batalla ante las bien documentadas y detalladas revelaciones de La Gaceta sobre su fortuna personal. ¿Dos varas de medir, alguien?

Una información en la portada del diario del régimen -Piden a la RAE que cambie la acepción de “subnormal”. Una familia lidera una campaña de denuncia porque el Diccionario no recoge que el término se usa como un insulto y solicita que “síndrome de Down” no se defina como una enfermedad- me inspira un corolario a la Segunda Ley de Conquest (“Toda institución no expresamente de derechas acaba siendo de izquierdas”), a saber: toda reivindicación social, incluso cuando ataca postulados comunes a las izquierdas, acaba usando las formas y procedimientos de la izquierda.

Pocos colectivos pueden estar más seguros de mis simpatías y apoyo como las familias con hijos con síndrome de Down, de las que conozco y estimo a un gran número. Pero cambiar el diccionario no cambia la cosa, y pretender que no es enfermedad lo que es una evidente anomalía biológica con el fin de luchar contra la discriminación anima, a poco que se piense, a consagrar como legítima la discriminación contra los enfermos en general. Por lo demás, convierte una institución lingüística en una instancia sujeta al capricho de las reivindicaciones varias -ya la obligaron a cambiar la definición de ‘matrimonio’- y la presenta como una especie de ‘gobierno’ capaz de cambiar la realidad cambiando el diccionario.

Publicado el 11.03.2013 de La Gaceta

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