El tiempo pasa volando, realmente, cuando uno llega a mi edad, y hasta ahora no me había parado a pensar en que existe entre nosotros toda una generación que debe mirar las primeras de los diarios de papel con cierta perplejidad cuando pasa ante un quiosco.

Me pongo en su piel y sería el primero en preguntarme: ¿cuál es su función? Si el miembro de la generación de los milennials estudia Periodismo -lo que no sería raro, porque a pesar de no haber trabajo las facultades siguen llenándose- ya le habrán alimentado con carretadas de mitología heroica y nostalgia superciliar, que eso de preparar al personal para el mercado es muy casta.

Aun así, el contraste de lo que era un periódico en la época en que reinaban supremos y ahora es demasiado notable para pasar desapercibido, lo que convierte la misión del Trasgo en una penitencia muy apropiada para Cuaresma.

El País es como el vestido ese que tanto revuelo ha causado en las redes sociales: unos lo ven en blanco y negro, pero la mayoría, entre la que me encuentro, solo ve gris. De hecho, su portada de hoy parece consistir en hacer aburrida la información que todo el mundo conoce. Con su sesgo propio, claro, esa repulsiva combinación que solo se me ocurre bautizar como jacobinismo bancario y que traduce fielmente el ideario de quienes nos gobiernan.

La oposición a Putin gana fuerza con una gran marcha de protesta. Los números de la marcha en memoria del asesinado Boris Nemtsov varían, como es costumbre, pero ni en el cálculo de los organizadores supera los 50.000 (la policía, tan aguafiestas siempre en estas cosas, habla de 7.000), para una ciudad de doce millones. El País sugiere lo que es de rigor entre nuestras élites atlantistas: que Nemtsov ponía en peligro la hegemonía de Putin con su creciente popularidad y que el Kremlin no es ajeno a su muerte. La realidad, más prosaica, es que Nemtsov, asociado en la mente del ruso medio con el desastroso régimen de Yeltsin, no llegaba a un respaldo del 5%, frente al 85% de Putin. Oh, bueno.

Pero uno lee El País sobre todo para asombrarse de la impermeabilidad del dogma moderno y de su incapacidad de ver en lo suyo lo que critica en lo anterior. Me solazo, así, con esta noticia (tomo el titular de su versión digital): Los científicos critican el “intrusismo” del nuevo currículo de Religión. ¿Qué es lo que tanto les molesta a, ejem, los científicos -no algún científico, sino al Cuerpo Nacional de Científicos de España, se diría- de la asignatura de Religión? Leo: “Entre las cuestiones por las que se evaluará a un alumno de bachillerato está la siguiente: “Reconoce con asombro y se esfuerza por comprender el origen divino del cosmos y distingue que no proviene del caos y el azar”.

Porque, ya saben, la Ciencia -¡esas mayúsculas!- ya ha determinado el origen del cosmos. Es el Big Bang. Creo. Claro que podría ser otra cosa, como era otra cosa antes de ser el Big Bang, cuando se consideraba el Big Bang una hipótesis cuasi religiosa por haberla propuesto un cura. Y hace poco oí una nueva hipótesis, no menos científica, que negaba el Big Bang. ¿Les he hablado ya del consenso científico sobre el Calentamiento Global, o lo dejamos para otro día?

La ciencia es maravillosa, el método científico es un logro asombroso y, cuando no sacan los pies del plato, los científicos han hecho del mundo un lugar mucho mejor. Pero los científicos son otra cosa, hombres como los demás, susceptibles como cualquiera a las presiones, los intereses, las modas ideológicas, la necesidad de financiación, la arrogancia, la atracción del poder y la fama…

La visión que sugiere El País es la negación del laicismo, es sustituir una fe por otra, un clero por otro, uno dogma por otro. Obligarnos a aceptar por decreto educativo que el universo es mero fruto del azar es lo que hizo de la Unión Soviética un paraíso de libertades, ya saben. ¿He oído pronunciar Lysenko en la fila del fondo?

Pasaré deprisa por las portadas de los gemelos fantásticos, el diario del régimen y su predecesor y nuevo miniyo: La Razón y ABCLa Razón, claro, abre con Monedero. Podemos matarle de aburrimiento con Podemos, querido lector. Monedero creó su empresa cuando Chávez empezó a pagar a la fundación de PodemosMarhuenda, si te juro que me creo lo peor de Iglesias y sus cuates, ¿sacarás a portada alguna otra cosa? Por saber qué pasa en el mundo, digo, fuera de los estrechísimos intereses electorales del PP.

Pero nunca digan, con la prensa española de papel, “esto es imposible de superar”. ABC se ha cansado ya de parecerse a un periódico, ha tirado la toalla. En portada, una artística foto en tonos amarillentos con la silueta de una mezquita y el titular El peligro yihadista amenaza Cataluña. Eso, señores, es lo que pasó el domingo para el decano de la prensa madrileña.

De las portadas del día, sólo en una en la prensa nacional generalista reconozco lo que fue siempre un periódico. Me refiero a El Mundo, diario con el que no tengo ni he tenido nunca le menor vinculación, pero que con mayor o menor éxito sigue empeñado en dar noticias y, cuando puede, noticias propias.

González pidió ayuda a policías para ocultar el caso de su ático abre la primera de El Mundo. Es noticia, es propia, es relevante. Es, en suma, lo que solían hacer los periódicos. La marcha en Moscú en recuerdo del asesinado Nemtsov, una noticia que se está prestando a una manipulación atroz y que conoce ya todo el mundo, presta la ilustración con un titular genérico: Clamor bajo el Kremlin. Debajo, una crónica serializada de Jorge Bustos sobre las elecciones andaluzas, Territorio Zarrías: la maldición del olivo. A la derecha, Venezuela y Podemos, Rajoy y Tsipras y el truculento caso de acoso del empresario López Madrid. Para ustedes todo esto será aburridísimo -lo mío, no lo de El Mundo-, pero para mí es un gustazo.

Publicado el 02.03.2015 en El Debate

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