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En democracia hay una obligación no escrita y absolutamente teórica de estar regularmente al día de los asuntos públicos, por aquello de que solo un pueblo bien informado puede elegir con criterio. Como tantas otras cosas de la democracia, es poco más que una broma en la que no cree casi nadie, y menos los políticos que mienten cada vez que abren la boca en campaña y que pagan fortunas para salir guapos en la foto y pergeñar lemas que complazcan a todos y no digan nada.

El trasgo tuvo, empero, el fugaz impulso de ser un ciudadano ejemplar y tragarse a cuerpo un debate sobre política municipal, y es de justicia reconocer, avergonzado, que no logré pasar de los cinco minutos, cinco, de oír hablar del Abono Joven y la tasa de basuras. Si hay algo más tedioso que la política municipal, no quiero conocerlo.

Sí, son las cosas que más inmediatamente influyen en nuestras vidas cotidianas, no lo niego; pero tampoco hay nada más inmediatamente crucial en  nuestras vidas que la respiración y me temo que una publicación dedicada a esta actividad no arrasaría en el quiosco.

Con la corrupción, la cosa no es tanto desinterés como dificultad de trama. Parece una de esas series televisivas que, por muy apasionantes que sean, basta perderse un capítulo para perder el hilo y abandonarlas, pese al esfuerzo que hacen las autoridades al ponerles nombres exóticos a las operaciones.

Todo este larga explicación tiene por fin excusar mi ignorancia, que hoy toca Operación Púnica y la he tenido que buscar en Wikipedia. Uno se lía fácilmente en asuntos de dinero, ya sabrán disculparme. Sean más o menos ingeniosos los mecanismos, al final es que unos tipos que parten y reparten aspiran a quedarse con una parte, si no la mayor. Nada precisamente novedoso, por más que nos encante llevarnos las manos a la cabeza como si se tratara de crímenes insólitos.

El caso es que esta tiene como cabeza visible a un pepero, Francisco Granados, por lo que he estado a punto de maravillarme ante la portada de ABC, más de alipori que nunca con ese señor de medio cuerpo que lleva un maletín del que escapan decenas de billetes de cien euros, tan sutil todo como una patada en la entrepierna. Sobreimpreso en el maletín, el entrecomillado: “Cuando cobre la empresa, cobramos todos, cobran ellos, cobras tú, cobro yo”.

Por una vez los cielos me concedían antes de morir la gracia de ver una contundente portada abecedaria contra el PP y, reprimiendo la tentación de pensar que Génova si hubiera podido retrasar en los pagos, he sentido deseos de exclamar “ya puedes dejar, Señor, partir a tu siervo” y todo eso.

Pero, claro, esas cosas no pasan. Pura y simplemente. Las cabeceras son voceros de los suyos, arte y parte, y lo que no se puede desmentir, se disimula y difumina en páginas interiores. No: la explicación de la audaz portada es que la noticia, aunque en el contexto e investigación de la Operación Púnica, trata de una mordida que benefició a un ex alcalde socialista de Parla. También yo, esperar a mis años sorpresas de la prensa de papel, parezco nuevo.

El Mundo, a cuyos reporteros imagino siempre con un traje de 30 dólares y una fedora con un tarjetón en la cinta con la palabra PRENSA, titula abriendo: ‘Ignacio González uso Indra para pagar en B su mejora de imagen‘, lo que suena muy emocionante para los que estén siguiendo la serie.

En la portada de La Razón, donde están más alarmados por las filtraciones (‘Catalá abre el debate de la filtración a los medios’) y por la posibilidad de que Espe pase parte de su campaña en los juzgados (‘Los jueces dirán la semana de campaña si Aguirre va al banquillo’),consiguen una hazaña con el asunto de marras que bien podría superar la audacia de ABC: logra, en un titular, un subtítulos y dos columnas de texto en primera dar constancia de lo último en el caso de corrupción que nos ocupa sin citar una sola vez al PP, ni en siglas ni por lo largo. “Marjaliza era el que mandaba. Cogía un teléfono y todos bailaban”. Enhorabuena, Paco, ahí has estado.

A El País, por lo visto, el asunto le aburre, y no hay modo de encontrarlo en su primera, que abre informándonos de que ‘El PSOE permitirá acuerdos de investidura con salvo con Bildu y PP’.

Esta equiparación de los peperos con los filoetarras no es nueva, como tampoco este “aléjate, que me tiznas” de los socialistas con los de Rajoy. Y no deja de ser curioso, porque cuando uno desmonta la retórica no hay dos socios más fraternales, confirmando uno las leyes que aprueba el otro y repartiéndose el botín, sino como buenos hermanos, sí como cómplices bien avenidos.

Publicado el 30.04.2015 en La Gaceta

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