Echaba de menos la tele, al menos ese plató de Intereconomía de cara a un bar donde siempre tuve la sensación de estar de copas con amigos, algo que, para bien y para mal, reflejaban las cámaras. Añoraba, digo, cuando me dedicaba al denostado mester de tertuliano o, como lo llaman por ahí, ‘todólogo’, que debe de ser verdad a juzgar por la cara que me puso el presentador en una ocasión en que, ante su pregunta, contesté que “de ese tema no tenía la menor idea”.

Lo digo en pasado porque mi ignorancia va en el sentido contrario a mi pelo, es decir, crece por días. La verdad, no tengo ni idea de por qué Andreas Lubitz estrelló aquel avión o si las puertas de las cabinas deben o no poder bloquearse desde dentro, e imagino que afirmar que la ley de los grandes números hace casi inevitable que cosas así pasen no se consideraría una respuesta aceptable.

Tampoco tengo la menor noción de por qué el chico este de La Sagrera ha entrado en su instituto al modo americano de Columbine pero a menor escala y ha matado a un profesor, hiriendo a más personas. Dice que oía voces. Es perfectamente posible, aunque no comparto la estúpida tendencia moderna a creer todo lo que diga un niño, quizá porque tengo cuatro.

Así que voy a lo mío, y empiezo, como es ya habitual, por El País. ‘El crimen de Barcelona eleva a un nivel insólito la violencia escolar’. No sé cuál es el nivel ‘sólito’ y aunque los episodios de agresiones contra profesores aparecen como un ominoso goteo en los medios y como un torrente en las conversaciones privadas con maestros, es cierto que de esto no había, y pasar de 0 a 1 es ciertamente elevar en grado infinito el nivel.

Dedica al asunto el diario de Prisa uno de esos editoriales que borda, con ese estilo inconfundible con el que consigue no decir mucho de nada en párrafo tras plomizo párrafo trufado de lugares comunes. En casos así, las soluciones son siempre profundizar en algo, estudiar seriamente esto otro y, si se tercia, crear una comisión, expediente muy socorrido que, como sabemos, va camino de resolver todos los problemas de la Humanidad.

A ver: “La muerte de un profesor a manos de un alumno de 13 años —que también hirió a dos profesoras y dos alumnos— en el instituto Joan Fuster del barrio de La Sagrera, en Barcelona, es un trágico suceso que debe ser analizado con mucho cuidado cuando se confirmen todos los detalles”. Y: “Lo importante en este caso es que las autoridades docentes analicen si ha habido muestras de alerta que no han sido atendidas”. Para concluir: “La administración educativa debe tener en cuenta estas demandas y analizar posibles medidas adicionales”.

Si cambian las palabras que detallan el caso, es un editorial enormemente socorrido que puede aplicarse a cualquier eventualidad ingrata y que, sospecho, guardan a modo de formulario en el Cajón de los  Editoriales Invariables. O quizá sea el programa informático ese que, por lo visto, nos va a quitar el trabajo a todos los periodistas.

Luego viene ABC, que mantengo en la lista de diario por formato y tradición aunque cada día con mayor reticencia. La portada de hoy he tenido que mirarla varias veces o, como diría el editorialista de El País, “la de hoy de ABC es una trágica portada que debe ser analizada con mucho cuidado”, no vaya a ser que el quiosquero tenga el día tonto y haya dejado una de varios años atrás.

Fotaza del ex juez Garzón de perfil sobre un degradado en naranja que llamaría la atención en el chándal de un ‘runner’. Titular bomba: ‘Garzón, de cacería con la Púnica’. Compruebo en el subtítulo que no se trata de una folclórica: “El exjuez participó en 2003 en una montería organizada con todo tipo de lujos por una de las mayores constructoras implicadas en la trama de corrupción”. Vuelvo a mirar la fecha: sí, ahí pone 21 de abril de 2015.

Pedazo de exclusiva, en serio. De hecho, la reveló en su momento el semanario Época, en los días de vino y rosas en que yo trabaja allí. Ah, ABC, nunca deja de ponerme nostálgico. Tan buenos recuerdos me trae que ni quiero preguntarme qué pito toca ese tema añoso en abril de 2015, después del trágico suceso con que abren todos sus colegas. Será que tienen, como los dentistas, una sala con revistas atrasadas y de vez en cuando se les va la mano con las copas y hacen apuestas, no sé. Creo que El País aconsejaría “analizar sin ha habido muestras de alerta que no han sido atendidas” en ABC, que yo diría que sí.

El Mundo es un clásico. Probablemente llega tarde, pero hace cincuenta años hubiera roto con todo. “Tengo que matar más” es el titular con el que abre, así, entrecomillado. Bueno, vale, pero a mí me gusta. Es como yo hubiera titulado.

Por un momento La Razón me desconcierta y, en un vistazo demasiado rápido, tengo la sensación de que también va a ignorar el crimen, porque el titular de primera es una de sus viejas tarabitas, de esas que, siendo noticia, no lo parecen de puro repetidas: ‘Podemos asesoró a Maduro para criminaliza a la oposición’. Gran bostezo, y ustedes me perdonarán.

Pero no, ahí está, con la foto que ‘manda’, el momento en que sacan el cadáver del instituto: ‘El mal mayor’. Tuve una época de titulares así, como queriendo decir, y no imaginan cómo he llegado a odiarlos. Todo lo que no sea ir al grano, todo lo que sea un intento de literatura simbólica, me parece el antiperiodismo, al menos en un diario. Y la noticia, en el subtítulo: ‘Un niño de 13 años armado con un machete y una ballesta mata a un profesor y reabre el debate sobre la Ley del Menor’. Ah, sí, la Ley del Menor, qué cabeza la mía, que no se habla de otra cosa. ¿Ven? Es que no sirvo.

Van a ser los videojuegos, verás.

Publicado el 21.04.2015 en La Gaceta

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