Es un poco triste que llamemos a las vacaciones y a los días de fiesta ‘tiempo libre’, como si el resto del tiempo lo pasáramos encadenados al duro banco de una galera turca o en una plantación de la Virginia colonial.

Pero, en un sentido bastante evidente, es una expresión exacta. Las vacaciones son tiempo libre en el sentido de que si se quiere conocer de verdad a alguien, lo que de verdad cree y a lo que realmente aspira, debe conocerle en vacaciones. En el trabajo tenemos una función que cumplir, posamos, hasta cierto punto, no elegimos nuestro horario y nuestras tareas. Podemos ser vagos, y que no se note porque la necesidad nos obliga a trabajar; o egoístas, y que el trabajo nos fuerce a cooperar. Pero en vacaciones no hay horarios, nada que hacer y ningún sitio donde ir obligatoriamente. Por eso, lo que elijas te define.

Por eso son cada vez más los que huyen de esa aterradora libertad. Existe el absurdo mito, fácilmente refutable con la mera observación, de que el hombre moderno ama la libertad, cuando en realidad le resulta terriblemente incómoda. Aborrece, sobre todo, la libertad ajena, sólo hay que asistir cinco minutos a la reunión de una comunidad de vecinos tipo para comprobarlo. Pero también la propia le aterra: tener que elegir es no poder echarle la culpa a nadie si no sale bien. Por eso dejamos que el Estado crezca hasta convertirse en un monstruo paternalista.

Y por eso, en vacaciones, nos ponemos en manos de agencias que nos prefabriquen los días, buscamos ‘paquetes vacacionales’ donde nos digan qué tenemos que hacer en cada momento y adónde debemos ir, vamos, en fin, a donde todos van o a los sitios a los que hay que ir. Se pierde así la magia de las vacaciones, su maravillosa razón de ser y lo que las distingue radicalmente del resto del año: que el tiempo sea verdaderamente nuestro y nadie nos diga lo que tenemos que hacer. Un tiempo verdaderamente libre.

Escribir una columna semanal de opinión es sin duda el trabajo más placentero que he tenido en toda mi vida, pero admito que tengo ya la cabeza en las cercanísimas vacaciones. Pero ustedes ya lo habrán notado…

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