Lenin tenía razón, después de todo: quién y a quién son las dos únicas preguntas verdaderamente relevantes en la política de hoy. El qué es irrelevante. Cualquier resbalón de “los otros” enciende, indigna, lleva a los fieles a un paroxismo de justa ira y acusaciones sin cuento e ironías sangrantes; algo similar, o incluso diez veces más grave, en “los nuestros” les hace desplegar un mismo celo en sentido contrario: excusas, explicaciones, defensa numantina… e ironías sangrantes.

Pablo Iglesias y sus podemitas nunca han sido más que la cara que se puso a la indignación surgida de aquel masivo y sorprendente 15-M. Iglesias, como Enrique VII de Inglaterra, se encontró la corona en un arbusto y ahora se ve que le queda muy grande.  Es una copia de una copia de una copia, y siendo la entropía señora de la historia, es de esperar que quede en todo por debajo del original.

En democracia, la política es una modalidad torpe de la industria del espectáculo, que a su vez lo es del mercado. Pablo es una camiseta del Che: no importa lo revolucionario que sea el símbolo, la leyenda de la lucha por los de abajo que representa, es solo un producto que se vende y con el que alguien se forra.

Como, digamos, Roures. Jaume Roures, el maoísta que mandó a sus redactores al Fogasa y cerró Público en papel porque no tenía dinero antes de volver a comprar la cabecera con uno de esos trucos que tan antipáticos hacen a los capitalistas, celebró el pasado viernes su 65 cumpleaños en el complejo Duques de Pastrana, en el céntrico paseo de la Habana, en Madrid, un palacete construido en 1860 y declarado monumento de interés cultural en 1949, según leo en Vanitatis, de El Confidencial. Fue un fiestón para bolcheviques de papel cuché, indignados de lujo, revolucionarios de lentejuelas. Estuvo ese amigo del pueblo que es el cineasta León de Aranoa, gente de ese palo. Y, naturalmente, estuvieron Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero para degustar el bombón de queso de cabra y mango, nueces de macadamia al curry, timbal de manzana y foie gras con aceite de vainilla, huevos de codorniz con sobrasada y pimentón rojo de la Vera, o solomillo de ternera a la brasa con salsa bearnesa, encargado todo al exclusivo El Celler de Can Roca, antes de salir hacia la tele para hablar de los sufrimientos del pueblo.

Iglesias pactará con el diablo para tocar poder, y si sus fieles creen lo contrario, bueno, ya han creído tantas cosas en las que el líder se ha desdicho que una más entrará fácil y, después de todo, se asemejan a quienes creyeron al PP cuando dijo que iba a eliminar la ley del aborto del PSOE y bajar los impuestos, a los que confiaron en el PSOE cuando afirmó que no iba a pactar con Podemos, etcétera. El militante es fácil de engañar porque desea ser engañado.

Y mientras domina cada vez más el lenguaje revolucionario e izquierdista y el We Are The World en todo el mundo, por primera vez el uno por ciento de la humanidad posee la mitad de la riqueza. ¿Les parece una contradicción? Eso es que no han estado atentos.

Anuncios