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Anécdota de comida navideña. Mi (hermano, primo, cuñado, amigo) es directivo en una gran empresa española con presencia en medio mundo.

Hace no mucho, en una reunión, se presentaron todos con una chapita contra la Violencia de Género que repartía a la entrada una empleada. X entró sin ella en la sala. Todos muy concienciados ante el problema, censuraron a mi hombre que se negase al paripé.

Algún tiempo después se convocó otra reunión, esta para tratar la entrada de la empresa en el mercado saudí. Consultado, X llamó la atención sobre el hecho de que un día consideraban importante llevar una chapita que no ayudaba a nadie contra la violencia de género y un poco más tarde decidían hacer negocios con un régimen donde las mujeres son seres de tercera. Pero nadie pareció ver la contradicción…

La santidad es hoy un hashtag, una pegatina. Hay una absoluta desconexión entre las causas que uno apoya con impostado fervor y lo que luego uno hace, porque en realidad se trata solo de sumar puntos de prestigio apoyando causas de moda, nada más. Luego está la vida, y esa es la que habla de lo que de verdad somos.

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